
Bueno al fin me ví la esperada producción hollywoodiense de la gran gafapasta del cine español, Isabel Coixet. Rodada en Estados Unidos para la productora americana Lakeshore, con un reparto encabezado por Ben Kinsgsley y Penélope Cruz y con guión del trekkie Nicholas Meyer adaptando la novela de Philip Roth, The Dying Animal. Elegy es una bella pero predecible historia de amor entre una bella joven cubana y su profesor, un petulante crítico literario 35 años mayor que ella.
El profesor Tepesh (Ben Kingsley) es un hombre de una vasta cultura y refinada sensibilidad,
pero muy débil a los encantos del sexo opuesto. Atractivo y carismático nunca le faltan escarceos. Pero tras su aparente seguridad, encontramos un hombre aterrorizado tanto por la vejez y la muerte, como por la soledad y el compromiso, y zarandeado por estos miedos, no sabe lo que quiere a pesar de su sabiduría y experiencia.
El profesor Tepesh (Ben Kingsley) es un hombre de una vasta cultura y refinada sensibilidad,
pero muy débil a los encantos del sexo opuesto. Atractivo y carismático nunca le faltan escarceos. Pero tras su aparente seguridad, encontramos un hombre aterrorizado tanto por la vejez y la muerte, como por la soledad y el compromiso, y zarandeado por estos miedos, no sabe lo que quiere a pesar de su sabiduría y experiencia. Frente a él, Consuela (Penélope Cruz) es una joven tan hermosa como inteligente, honesta y segura de si misma, todo un dechado de virtudes que el anciano profesor no es capaz de vislumbrar en su totalidad, obnuvilado por la juventud y belleza de ésta y el complejo de inferioridad de su propia vejez.
Este contraste entre personalidades tan distintas, que se necesitan tanto como se temen, marca el desarrollo de la película y los miedos del profesor, el fracaso de la relación. Al final, la enfermedad, como una verdad redentora, desnudará la realidad, demostrando lo que realmente anida en los corazones, permitiendo que casi a título póstumo, triunfe el amor... (se nota que Coixet está en Hollywood ahora)
Todo el peso de la película recae sobre el personaje de David Tepesh, tanto en la concepción del personaje, un aparente triunfador que esconde al perdedor más asustado-, como en la excelente labor de Kingsley. Penélope Cruz, aparece como una obsesión etérea, responsable de derrumbar los postulados de su bloqueo emocional. Su exhibida belleza la exige el guión, pero Coixet la mantiene dentro de sus cánones estéticos de sobriedad. Su interpretación se ajusta a su papel que encarna la fuerza dentro de la fragilidad.
Todo el peso de la película recae sobre el personaje de David Tepesh, tanto en la concepción del personaje, un aparente triunfador que esconde al perdedor más asustado-, como en la excelente labor de Kingsley. Penélope Cruz, aparece como una obsesión etérea, responsable de derrumbar los postulados de su bloqueo emocional. Su exhibida belleza la exige el guión, pero Coixet la mantiene dentro de sus cánones estéticos de sobriedad. Su interpretación se ajusta a su papel que encarna la fuerza dentro de la fragilidad.
En torno a la figura de Tepesh se articulan tres secundarios que terminan de orquestar el argumento: la excelente Patricia Clarkson como la vieja amante de Tepesh y su alter-ego femenino, el veterano Dennis Hopper, como su mejor amigo y la voz de su conciencia -no siempre acertada, y Peter Sarsgaard como el hijo de Tepesh y la encarnación del rencor de sus errores pasados.
El erotismo juega un papel fundamental en la película, pero tratado con la peculiar visión austera y trágica de Coixet, ofreciéndonos en cambio imágenes de gran belleza plástica. En todo el filme impera la fotografía de fondos neutros y colores apagados, casi emulando un blanco y negro, maniqueismo visual que se identifica con los contrastados protagonistas.
Como corresponde a un ambiente de alto nivel intelectual, se establecen contínuos paralelismos entre el argumento y los personajes con clásicos de la pintura española (La Maja Vestida, Las Meninas), versos de Shakespeare o menciones a otros clásicos de la literatura, como Tolstoi. Exhibición de pedantería que aunque no gratuita, a la directora favorita de ZP le habrá encantado realizar.
Nos encontramos, por lo tanto, ante una bella historia, sobrecargada de moraleja: "la belleza está en los ojos de quien mira", cita recurrente a lo largo de la película y que vuelve previsible el film, a pesar de su giro final. La película nos trata de enseñar a valorar la belleza interior, y quizá ahonda demasiado en un tópico tratado ya en numerosas ocasiones. Me parece mucho más interesante la reflexión en torno a como el miedo puede volver estúpido al mas sabio, y como la fuerza de carácter y la madurez, no necesariamente acompañan a la experiencia de la vejez y sin embargo pueden estar presentes en la juventud cual dones innatos.
En definitiva una película de Coixet con ecos de otras -enfermos de cáncer, bloqueos emocionales, miedo al amor- en su estilo estético pero con menos capacidad de sorpresa que sus otros trabajos. Sin duda, la encorsetada dirección que la productora le brindó debe tener mucho que ver con esto. Pero como ella misma dijo: "Perder la oportunidad de dirigir esta película, basada en la obra de un autor al que admiro tanto, habría sido de tontos" Pues nada Isabelita, la pela es la pela...
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