
Con este título tan poco pretencioso, la banda pamplonesa liderada por los hermanos Arizaleta dan nombre a su tercer trabajo, el más atrevido en experimentación, el más oscuro y el más heterogéneo, donde encontramos momentos que recuerdan al primero, al segundo o a ninguno de sus trabajos anteriores, tocando todos los aspectos de la psicodelia moderna, desde el noise, hasta el dream (pop)
El tema más sorprendente,"Cenizas" la pieza que abre el disco, es curiosamente una de sus canciones más antiguas, descartada en su momento de sus dos álbumes anteriores y revestida finalmente para este tercero y tan ajena a todo lo que han hecho antes como a sí misma. Es un tema de ritmo reptante con regustillo a folk lúgubre, a Tom Waits, a la Velvet y a Nick Cave, aunque algo en su rima de su estribillo me recuerda el "She's Lost Control" de Joy Division.
Y tu mirada, vieja y cansada, lo dice todo, no dice nada,
algo murió, algo murió...
Extraña, oscura y áspera. Liberada de su austero encorsetamiento inicial con arreglos electrónicos, instrumentos casuales, coros e incluso un banjo, se va revelando como una conmovedora historia de desamor, con una paradóijca orquestación que nos prepara para el ecléctico album por descubrir.
Cuando el día se hace enemigo
y el sol se niega a entrar por la ventana,
luz artificial en la oscuridad.
El que fue adelanto de este álbum, "El Destacamento". Enigmática, fría y distante, quizá demasiado para haber sido la presentación del album, hecho que ha llevado a la decepción de algunos fans, acostumbrados a su peculiar energía. La canción se desgrana en una exuberante demostración de texturas sonoras y distorsiones, con ecos de space rock y shoegaze.
El fuego que te has inyectado no lo apagará la muerte,
el día pasa a fuego lento y el Diablo hierve dentro.
Convocad a las calaveras, la eutanasia ha llegado.
Para sacarnos del etéreo extasis, viene "La marca en nuestra frente es la de Caín", que auna crudo existencialismo y oscura sensualidad en lo que podría ser un un homenaje al "Mirror People" de Love & Rockets. Sonido que se endurece para soltarnos en medio de una montaña rusa electrónificada. No se si es la primavera o que, pero a mi esta canción me pone, así como contenta...
Un cuervo negro anida en nuestro corazón,
los hilos que nos mueven no los maneja Dios.
Hace tiempo que no eres niña...
El cinismo de "Moscas" nos devuelve a la tierra y a sus hipocresías incluso a las mejor intencionadas y precisamente por ello igual de repugnantes. La letra lleva una especial inquina que casi parece algo personal (algun buenrollista debió volarles una novia a alguno) Ecos de pop solar californiano y de percusiones étnicas para recordarnos al hipismo trasnochado.
Compra tu paz interior, en una ONG tienes la ocasión.
Que afortunado soy en la lotería de la informacion.
Y como si de un reverso luminoso se tratara, la saltarina "Yo soy tu nombre" la canción más vital y optimista del disco. Un bonito tema de amor incondicional y entrega total, capaz de insuflar la energía que el anterior te arrebata, manteniéndose los ecos californianos y las percusiones tribales. Tomada con ironía es un chiste buenísimo.
Dispararé a quien quieras por tí
la calle haré cuando quieras por tí,
tu perro soy, dime a quién ladrar.
En "México" el Columpio se pega una contundente cabalgada de aires sinfónicos en dirección al sonido de su primer disco, que acaba en una apoteósica explosión de ruido blanco y coros lisérgicos. Excelente tema, algo alargado. La referencia centroaméricana del título y estribillo no parece tener mas misión que contentar al gran número de fans con que cuentan en el país azteca.
Me arrancaré los dientes, pondré sonrisa nueva...
Tras esta concesión de autonostalgia, vienen nuevas sorpresas. Se abre un tramo final de temas etéreos, con fuerte elemento electrónico, donde vemos a El Columpio acercarse peligrosamente al dream pop y la indietronica. "Aleluya", donde los retro-sintetizadores visten una bonita canción de amor con imaginería religiosa como leit-motif.
"Dolores Tres Pinos" otro experimento indietronico, mucho más arriesgado esta vez y acertado. Como nueva sorpresa, la preciosa voz de Cristina Martínez que parece sacada de un disco de Slowdive. Las guitarras a lo Radiohead nos rescatan del limbo etéreo en el que sintetizadores, voces angelicales y letras de evocación devota nos han sumido, llevándonos a un nuevo subidón. Uno de los mejores momentos del disco.
Sobre la arena tu corazón, como un pez al sol.
La tercera incursión electrónica es la lorquiana "Un arpón de grillos" donde Albaro retoma el papel de solista. Canción que nos habla de reconstrucción tras un desastre personal, vestida de oscura imaginería, obsesivos sintetizadores y todo el paisaje psicodélico característico del Columpio en uno de sus momentos más tenebrosos.
La paz llegó entre mi sombra y yo...
Y el colofón, otro de esos temas etéreos con voz femenina con los que tanto gusta El Columpio sorprendernos (No llores mas, Lehoitik) donde la angelical voz de Cristina Martínez se muestra en todo su esplendor. "No tienes que decirme nada" es una vuelta al principio en cuanto a temática, parece la misma historia que "Cenizas" desde el otro punto de vista.
No tienes que decirme nada, lo noto todo en tu mirada,
ace tiempo que no estás aquí.
La sencilla belleza de la melodía se envuelve con un vaporoso manto de ruido blanco que recuerda los mejores momentos de Slowdive. Aunque sin toda esta vestimenta shoegaze, esta canción de tristeza resignada bien podría ser de La Buena Vida. De hecho, los cuidados arreglos orquestales con una trompeta "a lo Morricone" terminan de configurar este pequeño homenaje al donosti-pop (no en vano, el disco se ha grabado en San Sebastián)
En definitiva, un magnífico trabajo, con diez canciones, algunas de las cuales están llamadas a convertirse en himnos personales para muchos y en piezas clave del rock alternativo en este país. Y me alegro porque andan las Españas un poquito insulsas en lo que a rock se refiere últimamente.
Adelante, navarricos, vosotros sois supercosmicooool!
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