La verdad es que no recuerdo muy bien como acabé aquí. Dicen que me recogieron porque iba pidiendo comida y ponía una carita muy rica, pero yo no me creo nada, la verdad. El caso es que este no es un lugar como otro cualquiera. Gravita más alla del tiempo y dek espacio, hallándose fuera de toda realidad. Bueno, en realidad vivimos en una casa en un pequeño pueblo, pero al Nigromante le gusta pensar en algo así. Y a veces también lo pienso, porque el lío que hay aquí metido no lo he visto yo en ninguna parte -y mira que he visto mundo, que me llevaron una vez a Alemania y todo en un trasportín supermolono.
Pues eso, vivimos en un palacio, o una torre o un castillo o una casa de alquiler, lo que sea, porque esto no para de cambiar. En cuanto me giro, aparece un salón de estilo marroquí nuevo, y francamente, soy un animal muy territorial que necesita un entorno estable para su equilbrio psicológico, o eso dice la Gran Enciclopedia del Gato.
Porque si, soy el gato de la casa. O bueno, el demonio familiar del poderoso Nigromante y su visir y administrador. Si no fuera por mi, esta casa se iba abajo, por el peso -en especial el del Nigromante que no veais como se esta poniendo, y sus tres acompañantes. Porque no sólo estamos él y yo, hay tres mas, y que se quede así. No sabemos de dónde salieron pero aquí estan, las Frikettes, las casposas musas de anormalidad que pululan en torno al Nigromante, distrayéndole de sus arcanos quehaceres, y a mí, dándome trabajo extra.
Carlota Montedemo, la mayor de todas -en edad y envergadura- es como la matrona. Le encanta cocinar y potinguear. Adora la medicina natural, las infusiones y la vida sana. Es como la hermana bruja new age del Nigromante y se llevan la mar de bien. Pero es una tonta que le da por cocinar el pescado -con lo bueno que está crudo! También es una enterada de tomo y lomo, pedante y supuestamente muy conocedora de libros y demás cosas inútiles que hacen los humanos, empeñada en aportar una sobredosis de glamour al rancio mundo de la caspa.
Micaela Frikósmica vive literalmente en otro mundo. Nunca se entera de nada (importante) pero quiere estar a la última de todo, poniendo la nariz en todo lo que se cuece en las grandes cocinas de la modernidad. No lleva muy bien lo de vivir lo de no ser una urbanita apestosa, y se ha empeñado en mirar torcido para crearse dioptrías y poderse poner gafas de pasta. Ya podría irse pero mira, no se va -que ya podría- algo encontrará aquí.
Pero no hay dos sin tres, y la peor de todas es la que nadie vé. Psygótica Incógnita es invisible -bueno, yo la veo, que para eso soy gato- o se lo hace (que también podría ser) y haga lo que haga, no hará nunca nada bueno. Inspiradora de las grandes catástrofes intelectuales de la humanidad (desde el Baile de los Pajaritos hasta el Telecupón) Ella le da la vuela al reverso tenebroso y llega más allá, revelando el lado oscuro de la oscuridad.
Así tenemos a la una que son tres, como una trinidad dislocada y algo descocada. Entorpeciendo las labores místicas del Nigromante con su sobrecarga de chorradas inútiles.
El caso que aquí estoy yo, encerrado y poniendo algo de orden en este desbarajuste. Hay que echarle un par, aunque sea en sentido figurado.
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